Primeros años

Fuente: El Comercio

Luis Antonio Valencia Mosquera tiene 26 años (nació el 04 de agosto de 1985), pero ríe como un niño cuando evoca dos lugares: Vereda Tropical -su barrio en Lago Agrio- y el estadio Carlos Vernaza. él cuando está de vacaciones viaja rápidamente desde Inglaterra hasta su natal Sucumbíos o se refugia en Quito y sus alrededores.

Cuando el jugador de los "diablos rojos" era un niño, su casa era de madera y de un solo piso. Allí vivían los padres Luis Antonio y Teresa con sus críos: Alfredo, éder, "Toñito" y Jazmina. Ellos, ahora, se trasladaron a Quito.

"Mi infancia fue muy feliz. Mi papá trabajaba, pero todos buscábamos los medios para que haya comida en la casa", rememora el talentoso jugador. Y era así: Luis Antonio padre tenía un depósito de botellas y sus tres hijos varones lo ayudaban: recorrían la ciudad y los pueblos aledaños en búsqueda de envases que posteriormente eran vendidos en Quito.

Doña Teresa también tenía su propio negocio para alimentar a sus hijos. Ella vendía bolos, jugo de arazá y aguas para mitigar el intenso calor en las afueras del estadio Carlos Vernaza, el templo de los futbolistas de Lago Agrio.

Cuando el "Toñito" era un niño y la fama aún estaba lejos de su vida, el Carlos Vernaza era un canchón de tierra, repleto de piedras menudas, en donde diariamente muchísimos futbolistas estaban dispuestos a todo por ganar apuestas, cuando aún circulaba el sucre.

"Toñito" y su mamá se esmeraban por vender sus productos a los sudorosos deportistas. Hoy corre para anticipar a sus rivales, pero en su infancia, Valencia "volaba" para conseguir "sueltos" y dar el cambio a los clientes.

Su hermana Jazmina, de 22 años, cuenta que Antonio siempre fue responsable con los suyos. él solventa los gastos de su hermana que estudia Gerencia y Liderazgo en la Universidad Salesiana en Quito. Hace tres años, la joven y su madre llegaron a vivir a la capital por pedido expreso del "Toño".

"Siempre fue pegado a mi mami y le ayudaba a trabajar desde pequeño. Pero cuando podía se escapaba a jugar y siempre le gustaba jugar con niños y jóvenes mucho mayores a él. Teníamos miedo de que lo estropeen", dice Jazmina.